Diego Melero Gómez

Diseño y marketing

Comercios Wantit!

Urban Gourmet nos ha dejado sin palabras; y es que en los tiempos que corren, la lírica no es muy popular; por lo que hoy no escribo este artículo personalmente para presentar a Urban Gourmet, ya que las palabras de su gerente hablando del mismo estremecen el alma y las ganas de probar. Bienvenid@s a Espoz y Mina, 7; bienvenid@s a Urban Gourmet; bienvenid@s a “Qué es y qué no es Urban Gourmet”.

Urban Gourmet es, y desea ser, el ultramarinos que mima el paladar y alimenta el alma de quien atraviesa su umbral. Es el ultramarinos imposible, como lo define su dueño, pues tiene y no tiene todo aquella que desea su clientela. Es la bombonera, como la apodan sus mayores, aquellos que saben que las cosas buenas a ciertas edades son dos veces buenas y, al mismo tiempo, es la tienda cuqui de las cosas ricas, como la llama alguna de sus más jóvenes entusiastas, aquellas que, también por cosas de la edad, todavía suspiran y ensueñan todo cuanto les resulta irresistible. Y es, además y por contra, porque todo es y no es en esta vida, porque todo es y no es del color con que se mira, la tienda de los del morro fino, como la bautizan a golpe de prejuicio quienes miran y pasan de largo sin ni tan siquiera preguntarse a qué saben, a qué huelen, sus escaparates.

Urban Gourmet es el pequeño comercio de alimentación de la calle Espoz y Mina, 7; pequeño porque dicta el buen gusto que las esencias han de guardarse en frasco pequeño y, pequeño también, porque las leyes de la oferta y la demanda dictan también que los alquileres en el centro se coticen al alza.

Y es, además, pequeño para poder ser lo suficientemente grande y albergar en sus estanterías, rincones y requiebros a la geometría un catálogo de productos que crece y varía por impulso, por inercia, por definición.

Es su ser y no ser la búsqueda y el hallazgo constante de ese producto que tiene ese no sé qué. Por excelso, por distinto, por novedoso o por que sí. Ese no sé qué que despierta de su letargo al gusto, y, por extensión, a todos los sentidos, que afirma el goce de vivir, que cierra los ojos y detiene el tiempo, que transfigura el cuerpo y, a la postre, ensancha la existencia.

Urban gourmet es unas cuantas decenas y unas pocas centenas de productos, que por calidad, naturaleza, elaboración o volumen de producción no se encuentran en los supermercados, esos lugares concebidos para quitar el hambre a muchos más que para alimentar y nutrir a cada uno de ellos. Unas cuantas decenas y unas pocas centenas de productos que amplían el sabor y el saber de lo que comemos y, por extensión, de lo que somos.

Por ello, quien entra y sale, quien entra y vuelve, de Urban Gourmet seguirá sabiendo, como el sabio, que sólo sabe que no sabe nada pero, por contrapartida, sabrá distinguir con mayor acierto y satisfacción aquello que no sabe a nada y, por ventura, aquello que sabe a todo.

Quien entra, sale y vuelve, es porque sabe valorar un buen pan, un buen huevo, un buen café, una buena legumbre, una buena pasta, un buen vino, un buen queso, un buen aceite, un buen chocolate, un buen embutido, un buen… porque sabe que puede rozar el cielo con los dedos al degustar un aceite del Bajo Aragón, un atún de almadraba, un queso de cabra con trufa, un paté de aceitunas con ron y chocolate, ventresca de pez espada, foie gras con melocotón, unas anchoas de Santoña, embutido de caza mayor, paté de centollo, huevas de erizos…

Es decir, quien sabe que los alimentos dejan de ser cotidianos, diarios, por su calidad, quien sabe que alimentos distintos y de no fácil adquisición, que no son los de todos los días, ayudan a que los días también lo sean, únicos y diferentes.

Son estas y no tras las razones que Urban Gourmet va atesorando en sus estanterías para deleite de Zaragoza. Porque sus habitantes se lo merecen y punto. Porque tanto en la mesa como en la vida hay que probar y aspirar a lo mejor para poder afirmar a la postre que se ha vivido. Pus es ésta y no otra la razón primera y última del comer, al menos del buen comer. Dicha es la vivencia que ofrece Urban Gourmet al abrir cada día sus puertas.

No es nuevo lo subscrito; es tan viejo como sentir hambre, aunque recobre hoy vigencia ante la falsa comida, la comida prefabricada, la comida sintética, de la todopoderosa industria alimentaria y las grandes cadenas de supermercados.

Ya lo decía el clásico: primum comere deinde philosophare; primero comer y luego pensar. Y si comemos bien, pensaremos mejor; y si pensamos mejor, tendremos una vida más plena. Porque no es lo mismo vivir que sobrevivir. Es la revolución pendiente y diaria que tenemos cada uno de nosotros para con nosotros mismos. Y la victoria pasa por una buena mesa. No hay otra. Así es la vida. ¡Y que sea siendo! Sea ya, ahora, hoy mismo.

Posdata. Ni que decir tiene que Urban Gourmet apoya a los defensores de la Economía Sostenible, del Slow Food, del Mindfoodness o de la Huerta Life que promueve el ayuntamiento de Zaragoza.

Por si alguien tuviera curiosidad por saber algo de quien da aliento a estas palabras, señalar que nació entre huertas a orillas de un afluente del Ebro, el Arga, y creció sobre los fogones de un restaurante que llegó a tener una estrella Michelín, Las pocholas, ya que la casa de sus abuelos maternos se hallaba encima de sus cocinas. Y para acentuar su curiosidad y su inclinación sobre lo que se come y se bebe en este mundo, sus padres fueron amigos y clientes de un paisano que recorría España (Internet estaba por llegar) en pos de los mejores productos para su ultramarinos. Y ya en su juventud sus propias amistades le llevaron a echar una mano los sábados por la tarde y durante las fiestas patronales y navideñas en otro ultramarinos de la ciudad.

De quien así comió y olió en su infancia y aprendió en su juventud no es de extrañar que macerara su particular locura, (dados los malos tiempos que corren para la lírica y el buen yantar), su ultramarinos imposible: Urban Gourmet.

Diego Melero Gómez

Diseño y marketing

Comercios Wantit!

Urban Gourmet nos ha dejado sin palabras; y es que en los tiempos que corren, la lírica no es muy popular; por lo que hoy no escribo este artículo personalmente para presentar a Urban Gourmet, ya que las palabras de su gerente hablando del mismo estremecen el alma y las ganas de probar. Bienvenid@s a Espoz y Mina, 7; bienvenid@s a Urban Gourmet; bienvenid@s a “Qué es y qué no es Urban Gourmet”.

Urban Gourmet es, y desea ser, el ultramarinos que mima el paladar y alimenta el alma de quien atraviesa su umbral. Es el ultramarinos imposible, como lo define su dueño, pues tiene y no tiene todo aquella que desea su clientela. Es la bombonera, como la apodan sus mayores, aquellos que saben que las cosas buenas a ciertas edades son dos veces buenas y, al mismo tiempo, es la tienda cuqui de las cosas ricas, como la llama alguna de sus más jóvenes entusiastas, aquellas que, también por cosas de la edad, todavía suspiran y ensueñan todo cuanto les resulta irresistible. Y es, además y por contra, porque todo es y no es en esta vida, porque todo es y no es del color con que se mira, la tienda de los del morro fino, como la bautizan a golpe de prejuicio quienes miran y pasan de largo sin ni tan siquiera preguntarse a qué saben, a qué huelen, sus escaparates.

Urban Gourmet es el pequeño comercio de alimentación de la calle Espoz y Mina, 7; pequeño porque dicta el buen gusto que las esencias han de guardarse en frasco pequeño y, pequeño también, porque las leyes de la oferta y la demanda dictan también que los alquileres en el centro se coticen al alza.

Y es, además, pequeño para poder ser lo suficientemente grande y albergar en sus estanterías, rincones y requiebros a la geometría un catálogo de productos que crece y varía por impulso, por inercia, por definición.

Es su ser y no ser la búsqueda y el hallazgo constante de ese producto que tiene ese no sé qué. Por excelso, por distinto, por novedoso o por que sí. Ese no sé qué que despierta de su letargo al gusto, y, por extensión, a todos los sentidos, que afirma el goce de vivir, que cierra los ojos y detiene el tiempo, que transfigura el cuerpo y, a la postre, ensancha la existencia.

Urban gourmet es unas cuantas decenas y unas pocas centenas de productos, que por calidad, naturaleza, elaboración o volumen de producción no se encuentran en los supermercados, esos lugares concebidos para quitar el hambre a muchos más que para alimentar y nutrir a cada uno de ellos. Unas cuantas decenas y unas pocas centenas de productos que amplían el sabor y el saber de lo que comemos y, por extensión, de lo que somos.

Por ello, quien entra y sale, quien entra y vuelve, de Urban Gourmet seguirá sabiendo, como el sabio, que sólo sabe que no sabe nada pero, por contrapartida, sabrá distinguir con mayor acierto y satisfacción aquello que no sabe a nada y, por ventura, aquello que sabe a todo.

Quien entra, sale y vuelve, es porque sabe valorar un buen pan, un buen huevo, un buen café, una buena legumbre, una buena pasta, un buen vino, un buen queso, un buen aceite, un buen chocolate, un buen embutido, un buen… porque sabe que puede rozar el cielo con los dedos al degustar un aceite del Bajo Aragón, un atún de almadraba, un queso de cabra con trufa, un paté de aceitunas con ron y chocolate, ventresca de pez espada, foie gras con melocotón, unas anchoas de Santoña, embutido de caza mayor, paté de centollo, huevas de erizos…

Es decir, quien sabe que los alimentos dejan de ser cotidianos, diarios, por su calidad, quien sabe que alimentos distintos y de no fácil adquisición, que no son los de todos los días, ayudan a que los días también lo sean, únicos y diferentes.

Son estas y no tras las razones que Urban Gourmet va atesorando en sus estanterías para deleite de Zaragoza. Porque sus habitantes se lo merecen y punto. Porque tanto en la mesa como en la vida hay que probar y aspirar a lo mejor para poder afirmar a la postre que se ha vivido. Pus es ésta y no otra la razón primera y última del comer, al menos del buen comer. Dicha es la vivencia que ofrece Urban Gourmet al abrir cada día sus puertas.

No es nuevo lo subscrito; es tan viejo como sentir hambre, aunque recobre hoy vigencia ante la falsa comida, la comida prefabricada, la comida sintética, de la todopoderosa industria alimentaria y las grandes cadenas de supermercados.

Ya lo decía el clásico: primum comere deinde philosophare; primero comer y luego pensar. Y si comemos bien, pensaremos mejor; y si pensamos mejor, tendremos una vida más plena. Porque no es lo mismo vivir que sobrevivir. Es la revolución pendiente y diaria que tenemos cada uno de nosotros para con nosotros mismos. Y la victoria pasa por una buena mesa. No hay otra. Así es la vida. ¡Y que sea siendo! Sea ya, ahora, hoy mismo.

Posdata. Ni que decir tiene que Urban Gourmet apoya a los defensores de la Economía Sostenible, del Slow Food, del Mindfoodness o de la Huerta Life que promueve el ayuntamiento de Zaragoza.

Por si alguien tuviera curiosidad por saber algo de quien da aliento a estas palabras, señalar que nació entre huertas a orillas de un afluente del Ebro, el Arga, y creció sobre los fogones de un restaurante que llegó a tener una estrella Michelín, Las pocholas, ya que la casa de sus abuelos maternos se hallaba encima de sus cocinas. Y para acentuar su curiosidad y su inclinación sobre lo que se come y se bebe en este mundo, sus padres fueron amigos y clientes de un paisano que recorría España (Internet estaba por llegar) en pos de los mejores productos para su ultramarinos. Y ya en su juventud sus propias amistades le llevaron a echar una mano los sábados por la tarde y durante las fiestas patronales y navideñas en otro ultramarinos de la ciudad.

De quien así comió y olió en su infancia y aprendió en su juventud no es de extrañar que macerara su particular locura, (dados los malos tiempos que corren para la lírica y el buen yantar), su ultramarinos imposible: Urban Gourmet.

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